Encontré este cuaderno tirado en el barro cerca del arroyo. He podido limpiarlo un poco sin romperlo y puedo ver el título Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake. En él se narran los sucesos de Mio y Mayu en un lugar llamado Aldea Minakami. No se si lo que cuenta es cierto pero si he podido ver ciertas leyendas acerca de este lugar. Os quiero contar lo que descubrí para que no caiga en el olvido esta historia.
Ecos de otras vidas
Las páginas de Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake comienzan con las dos hermanas regresando por última vez al Arroyo de los Recuerdos, un lugar de su infancia que pronto quedaría anegado bajo las aguas de una presa. Allí, Mayu se siente atraída por una mariposa carmesí que la guía hacia la espesura del bosque. Mio la sigue sin darse cuenta de que ambas acaban de cruzar un umbral invisible hacia la Aldea Minakami, un pueblo que no se puede encontrar si él no quiere que lo encuentres.
Sin darse cuenta la noche se ha cernido sobre ellas y sienten presencias que nunca antes habían visto. Sobre ese lugar se realizaban antiguos rituales y el último de ellos no salió como se esperaba. A medida que se van encontrando escritos dispersos por el pueblo, comprenden que su llegada ha puesto en marcha un nuevo ciclo. Los espíritus quieren terminar lo que antaño se empezó.
He intentado leer cómo termina todo esto, pero las últimas páginas están tan dañadas por la humedad que resultan casi ilegibles. Solo puedo distinguir que el destino de las hermanas no está escrito de una única manera u orden. Uno de ellos es un poco cobarde y otro te deja con ganas de saber un poco más. Os dejo lo que encontré en una de las anotaciones.
Descubrir lo ocurrido conlleva a revivir lo hecho más de una vez conservando lo aprendido. Incluso nuevos caminos y nuevas historias se abrirán para hacer la vida de las hermanas una Pesadilla. Queda en tu mano hacerle la vida más fácil o normal.
En los márgenes aparecen unas fechas como si alguien hubiera querido documentar cada vez que el ciclo se repetía. La primera fue el 30 de abril de 2004 (PlayStation 2), y luego de nuevo el 29 de junio de 2012 (Wii). Dos veces en que la maldición encontró la manera de llegar a quienes quisieron adentrarse. Pero lo más inquietante es una anotación más reciente… Dice que la aldea ha vuelto a aparecer este año y accesible por diferentes caminos: PlayStation 5, Xbox Series X|S, PC y Nintendo Switch.
El único arma posible
Todo parece estar narrado desde los ojos de Mio, como si fuera ella quien hubiera puesto estas palabras sobre el papel. Cuenta que ninguna de las dos es capaz de hacer frente a las presencias que las acechan. No hay forma de huir, y esconderse rara vez sirve de algo. Los espíritus siempre las encuentran. Es entonces cuando Mio da con una nota en la primera casa que se cruza en su camino. Alguien describe en ella una vieja cámara fotográfica llamada Cámara Oscura, y asegura que con ella es posible capturar algo más que imágenes. Que fotografiar a los espíritus los debilita, los ralentiza, los aleja. Mio no acaba de creérselo. Aun así, decide probarlo.
Menciona que la cámara exige un precio para usarla y es el poder espiritual de quien la usa así como carretes. Por suerte Mio nunca se vio en necesidad de quedarse sin ellos ya que los iba encontrando por la aldea. Describe con cierto detalle que cada tipo de carrete tiene propiedades distintas como hacer más daño pero a costa de que cueste mas recargar. Y que llegó a encontrar algunos filtros, que tras ponerlos, le permitía revelar objetos que antes permanecían invisibles o incluso abrir atajos que parecían sellados.
Pero no todo era confrontarse a ellos de frente. Mio aprendió también a moverse de otra manera y a esquivar en el momento justo para evitar que la agarraran. Incluso a acercarse en silencio cuando la situación lo permitiera. Si lograba fotografiar a un espíritu por la espalda sin ser detectada, el daño sería mayor.
Buscando la paz
Volver sobre los propios pasos en un lugar como Minakami podría haber sido agotador. Sin embargo, hay algo en la forma en que Mio lo describe que hace que no lo parezca. La aldea cambia, o al menos lo que eres capaz de ver en ella. Zonas que antes parecían vacías esconden algo nuevo al regresar, y lo que en un primer momento pasaba desapercibido cobra sentido más adelante. Volver no se sentía como retroceder, sino como seguir descubriendo.
Y había motivos para hacerlo. Por la aldea encontró unas muñecas gemelas de pelo negro y kimono blanco. Mio las fotografiaba cuando las encontraba juntas, pero no siempre lo estaban. A veces una aparecía sola, en un rincón, como si esperase que alguien la reuniera con la otra. Parece que los niños de la aldea se dedicaron, a modo de juego, a separarlas. O mejor dicho, a esconderlas. Aunque nunca demasiado lejos para quien lleve la cámara.
En algunos sitios encontró también unas cuentas de rosario que, al usarlas en la cámara, le otorgaban mejoras permanentes. Aprovechó para, entre otras cosas, reducir el tiempo de recarga y aumentar el daño que hacía a los espíritus. Se nota, por la forma en que está escrito, que con cada una que encontraba sentía que avanzar era un poco más amigable. Aunque hay una nota al pie que parece un recordatorio para sí misma:
No te desesperes si sientes que te has dejado algo. La aldea te hará volver. Y si abres el mapa, lo que falta quedará marcado.
Entre tanta oscuridad, menciona que los únicos momentos de paz los encontró junto a unos farolillos. Sentía que si los tocaba, y algo malo ocurría, ellos la protegerían. Allí aprovechaba también para revisar las fotos que había tomado, y se sorprendió al descubrir que cada una guardaba algo grabado al dorso, como una medida de lo bien que había capturado aquello que fotografió. Con el valor acumulado de todas ellas podía hacerse con objetos o amuletos, e incluso mejorar los que ya llevaba consigo. Esta información viene acompañada de un pequeño dibujo, torpe pero reconocible, de dos amuletos juntos. Debajo, una sola línea:
Solo cuando el ciclo se repita desde el principio (NG+) podrás llevar más de uno equipado.
Los espíritus recuerdan
Al seguir avanzando en mi lectura veo que han dedicado un capítulo para hablar sobre los espíritus y los espectros. Ambos son tanto participantes del ritual fallido como simples viajeros que tuvieron la desgracia de adentrarse en aquel lugar por error. Pero no todos habitan la aldea de la misma manera.
Algunos deambulan sin rumbo, ajenos a quienes los rodean, como atrapados en un bucle que no pueden romper. Con estos bastaba tener el instinto de levantar la cámara en el momento justo, antes de que desaparezcan, pues no atacan pero tampoco esperan. Otros, en cambio, guardan un rencor tan profundo que su única razón de existir es acabar con los vivos. Estos no deambulan: acechan, bloquean el paso y no se marchan hasta que Mio los enfrenta.
Lo que me resultó especialmente interesante es que las protagonistas llegaron a desarrollar cierta empatía hacia ellos a través de lo que llamaron «Misiones Secundarias». En ellas podían revivir el momento de su muerte o conocer sus últimos pensamientos mientras revisitan ciertos lugares de la aldea. Sin embargo, no todos merecen esa compasión. Muchos guardan un profundo rencor por su destino y tienen como único propósito acabar con los vivos.
Fatal Frame II: Crimson Butterfly Remake subraya que estos seres reaccionan ante la presencia humana y que sostenerles la mirada puede drenar el poder espiritual de quien se atreva a hacerlo. Más inquietante aún es el fenómeno que describe el uso de la cámara contra ellos. Algunos espíritus se envuelven en un aura rojiza, un estado de furia en el que recuperan su vigor y atacan con una fuerza renovada.
Lo que más le pesaba escribir, se nota, era hablar de Mayu. No solo como su hermana y compañera, sino como alguien a quien podía perder. Los espíritus también van a por ella, y si Mio no está pendiente, Mayu puede morir. Cogerle la mano no era solo un gesto de afecto sino también una forma de encontrar consuelo y renovar sus energías.
El camino de vuelta
Pegada a la última página encontré una cinta y varias fotografías. No sé cómo llegaron hasta ahí, pero verlas me hizo creer aún más en todo lo que había leído. En algunas se reconocía la aldea, aunque con un aspecto diferente, más tosco, como si pertenecieran a otro tiempo. Tenían algo escrito al dorso: PlayStation 2 y Wii. Las mismas fechas que aparecían en los márgenes del cuaderno. La aldea seguía siendo la misma, pero todo lo que la rodeaba había crecido con ella. Las sombras eran más profundas, los rincones más detallados, y la oscuridad se sentía más real que nunca.
Lo que más me llamó la atención al escuchar la cinta es que predominaba el sonido ambiente. Se escuchaba el crujir de la madera y había más pasos de los que deberían. Al final de la cinta, casi cuando ya no esperaba nada, sonó una canción. Buscándola con el teléfono me sorprendió reconocer que se trataba de Chou, cantada por Tsukiko Amano. No hace falta entender las letra para sentir lo que transmite. Y sigue siendo sin duda de las mejores canciones que he escuchado desde hace tiempo.
Debo añadir algo más. No es la primera vez que trato de escribir sobre lo que descubrí, y es que el cuaderno parece tener vida propia. En algunas páginas encontré ciertos acontecimientos tachados con una sola palabra: Parche. Entre ellos, notas sobre los espíritus que hablaban de una agresividad que resultaba casi imposible de sobrevivir incluso si habías elegido el camino más sencillo. Después, como si alguien hubiera vuelto a escribir sobre lo ocurrido, quedaba constancia de que alguien llamado Koei Tecmo había escuchado. Los espíritus seguían siendo implacables, pero la aldea al fin se sentía justa.







